Cada familia, aunque parta de una misma raíz, de un tronco madre, cada familia es distinta. Beto tuvo la suerte, si se le puede llamar así, de haber vivido la mayor parte de vida rodeado de muchos primos, primas, tías y tíos que de una u otra forma habían influido en su desarrollo, vida.
Resulta que hoy su primo Javier cumplía años y en plena fiesta llegó su manager (el primo es presentador de televisión y futuro cantante) le regaló un par de zapatos Puma, recíen adquiridos en Miraflores, de seguro. Al abrirlos, los agradeció y siguió en lo suyo, destruyendo canciones en karaoke, entretenido.
Sin darse cuenta Beto se dió cuenta que estaba pensando en adorados tenis blancos Adidas vintage que compró por el aproximado de Q300 en el extranjero y que le han acompañado por los últimos siete años, diríase, alrededor de un pedazo de planeta. Zapatos que en ese momento llevaba puestos y sigue adorando.
Pensó, si no estaba envidiando el guardarropa de su primo, si podía llamar envidia el hecho de tener toneladas de zapatos, ropa y accesorios nuevos, regalados, un mánager y fans alocadas.
Verán, es un tema recurrente en la familia de Beto, la envidia que unos sienten de los éxitos de los otros, unos cantan, otros ganan dinero, unos cuantos tienen éxitos académicos, otros tienen hijos, otros han viajado, otros han emigrado pero seguro todos han sido envidiados.
Supongo que todo se resume a que la diferencia de crianza se agranda con los años y con las desiciones individuales que se toman. Será también a que los nuevos Puma del primo de Beto, comprados por compromiso por su manager en pleno stress no me gustaron, medio color beige, medio limón que cuento esta historia, queriéndola meter a fuerza en una parábola digna de recordarse.
Supongo que todo radica en que Beto ama sus zapatos tenis blancos Adidas vintage que compró en el extranjero por un aproximado de Q300 hace siete años, cuando lucían y se sentían cómodos, cuando todavía tenía cierta certeza en un futuro, cuando el límite del fracaso era palpable, pero aún no evidente. Tal vez cuando no tenía amigos alejados como yo, tal vez cuando aún le gustaba la lluvia que ha estado cayendo como maldición encima nuestro por todo un mes.
Pero todo sigue rondando en la mirada de tedio y obligación que notó cuando el primo estaba abriendo el paquete... unos zapatos que ni se va a poner en la vida ni conocerán las aventuras de los viejos y gastados Adidas de Beto.
Algún día contaré un par de esas historias.