12 jul. 2015

El Papa jesuita en el Paraguay

“A la mayor gloria de Dios” es el lema de la Compañía de Jesús, orden religiosa católica fundada en el siglo XVI por un grupo de hombres excepcionales encabezados por Ignacio de Loyola.

Vasco, militar, escritor, místico y primer general de la orden, Ignacio y su gente en poco menos de un siglo crearon una red educativa de alta calidad en Europa, inspiraron, educaron y enviaron a la misión evangelizadora mundial a cientos de los más brillantes jóvenes europeos de la época.

 Comenzando con Francisco Javier, noble hispano que falleció de fiebres sin poder evangelizar Japón a finales del siglo XVI hasta los misioneros que a inicios del siglo XVII exploraron y fundaron misiones de California a Buenos Aires, la Compañía logró un poder y una riqueza tal que llevó a que fuera desarticulada casi totalmente en la segunda mitad del siglo XVIII, como parte del proceso de consolidación del Estado-Nación en Europa. 

Reinstalada y funcionando, uno de sus miembros, el argentino Jorge Mario Bergoglio, colocó otra vez a los jesuitas en la atención mundial al ser electo como Francisco, Papa. En su nuevo puesto, Bergoglio ha acumulado titulares de prensa gracias a sus gestos, palabras y acciones, provocando la escucha tanto de católicos como de personas de buena voluntad que están encontrando un apoyo –como mínimo- moral y espiritual en los diversos temas que preocupan al Papado hoy por hoy. Un Papa no analiza ni es técnico experto: Profetiza, y entendiéndolo así se encuentra un camino, una guía ante la situación mundial actual.

En estos días Francisco viaja por Sudamérica, pero en vez de visitar los países centro del catolicismo americano, prefiere llegar allí donde parecieran echar raíces formas alternativas –queda tal término y tales formas para un análisis posterior- de entender al Estado, a la Economía y la Política, esto en referencia a las visitas a Ecuador y Bolivia. En Paraguay, donde las luchas agrarias son de siempre y gobierno tras gobierno ha profundizado en el entreguismo económico y la criminalización de líderes, la palabra del Papa llega y es esperada con ansias, será de ver la cosecha por llegar.

El territorio paraguayo en parte alberga los restos de las misiones jesuíticas, también conocidas como reducciones, aquellos asentamientos que buscaron atraer á los nómadas guaraníes a la fe cristiana en el siglo XVII, buscando la promoción del Evangelio en un interesante mestizaje de formas, pensamiento y talentos, lo que llevó a su éxito en cuanto a la urbanización, música, economía y arquitectura, en la cristianización de estos pueblos originarios y a la creación y confirmación, en su momento, de una alternativa económica a la impulsada por la incansable sed extractiva de la metrópoli.


“The Mission” la película de 1986, si bien no totalmente histórica, refleja el trabajo evangelizador de esos pocos hombres sin miedo que tenían como idea la de evangelizar a todo el mundo, propósito supranacional que hoy en día rescata el Papa Francisco, denunciando los males actuales y proponiendo guías de rescate, las que muchos, -creyentes o no en el Dios de Jesús- deseamos ahondar y llevar a la práctica efectiva. 

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